Transformers: Age of Extinction (2014)

1.5

Hace ya varios años, en una tarde de procrastinación internetera, durante mis primeras incursiones al mundo de la crítica de cine, decidí ver la primera “Transformers” con tal de hacer una crítica y de poder ver la segunda, la cual estaba siendo masacrada por todos los sectores cinéfilos de la red; simplemente no podía quedarme sin poner mi granito de arena.

El filme era pochoclero pero perfectamente visible hasta que, después de 40 minutos, el filtro de color predilecto de Michael Bay, el contraste azul/naranja, incineró mis córneas y me provocó una hipersensibilidad a la luz con la cual cargaré el resto de mi vida. Después de esta afrenta de parte de Michael Bay, dejé de ver la película y me decidí a no volver a ver otra película de “Transformers” en mi vida.

(La verdad es que dejé de verla porque se me fue la conexión y no me quedaba de otra.)

Pero a todos nos llega la hora. Y mi hora llegó en un viaje en autobús en el cual pasaron “Age of Extinction”.

— Respira profundo, Brandon —pensé para mí mismo. —Tú puedes hacer esto. Si te pones a leer un libro, ellos habrán ganado la batalla. —Y así es como puse abajo mi novela, y me decidí a ver mi primera película de “Transformers” completa.

(La verdad es que dejé de leer porque oscureció y no me quedaba de otra.)

Había sido testigo de todo el bardo que se armó en las internets a causa de “Age of Extinction”. Muchos la defendían como la mejor de la serie y decían que era al menos entretenida, y otros la aborrecían por igual. Todo parecía indicar que estaría de acuerdo con el primer grupo. Mark Wahlberg es agradable, y su hija, Tessa Yeager (Nicola Peltz) no es la rubia tonta que uno espera que sea.

¿De qué va la trama? Al parecer los humanos ya no quieren a los robots teniendo sus luchitas en nuestro planeta, así que cazan autobots para obtener transformio (una especie de éter que metamorfosea de acuerdo a las necesidades de quien lo codifique; se ve bastante cool, debo admitirlo) y, con él, manufacturar armas y obtener ganancias inconmensurables. La empresa a cargo de esto es KSI, dirigida por Joshua Joyce (Stanley Tucci), quien tiene un pacto con la CIA, quien tiene a su vez un pacto con otros extraterrestres robóticos, no autobots ni decepticons, para obtener la Semilla, la cual los humanos creen que les dará transformio ilimitado pero que en realidad es una bomba que arrasará con todo el planeta hasta convertirlo en un yermo metálico. ¿Ya se enredaron?

Confuso como sea (es gracioso como todo parece tan enredado como en las historias que creábamos al jugar con figuras de acción de pequeños), es interesante. Es un dilema bioético, y si bien no se explora a profundidad, ya se siente que el filme trata de algo. Junto con personajes humanos agradables y la banda de Autobots con diseños más estilizados y discernibles uno del otro, es todo bastante potable. Nuestros héroes de carne y hueso se infiltran en una nave alienígena y luego deben escapar a través de un puente de cuerdas con las cuales se ancló la nave a un rascacielos, y maldita sea, debo decir que es genuinamente… emocionante.

— ¡Quién lo diría! — exclamé para mis adentros en este momento, cuando el filme estaba a punto de llegar a la marca de los noventa minutos. —Fue una película de acción entretenida y pasable. —medité ingenuamente.

Pero la película no terminó.

Continuó, y continuó hasta romper algo dentro de mí que pasaré el resto de mi vida tratando de recuperar a través de alcohol, drogas, promiscuidad, sushi de centro comercial en cantidades industriales y bolsas de pan dulce de obsceno contenido calórico.

Es claro que la intención de Bay con este, su último filme de “Transformers” (según), era la de crear un final extendido al estilo “Return of the King” en el que el espectador vertiera su corazón un poco más tras cada minuto de épica in crescendo. Pero cada defecto que la película pudo neutralizar durante su hora y media inicial sale a la luz en el segmento final del filme: a cada explosión le sucede una más grande y más ruidosa, a cada insufrible diálogo le sigue otro aún más insultante, a cada “duelo final” le sigue otro cada vez más incomprensible.

Este constante bombardeo se prolonga por otros ochenta minutos después de la primera hora y media, y resulta en una experiencia absolutamente tortuosa. No importa que tan arraigada esté en ti la fijación del ser humano por la violencia y la destrucción: no encontrarás la mínima partícula de disfrute culposo. Al final no podemos tener empatía por estos pelmazos de metal que no pueden compartir más de tres sílabas sin amenazarse a muerte entre ellos para luego soltar una perorata estúpida sobre el trabajo en equipo y el honor, mientras las fanfarrias de la banda sonora se elevan heroicamente. Sí, suena a algo que podría decirse de las anteriores. Si nunca escribo de ellas, simplemente vuelvan a leer esta crítica, cambiando los detalles de la trama y del elenco por los de la entrega que deseen. Estoy bastante seguro de que con eso bastará.

Transformers: Age of Extinction 

Michael Bay

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