When the Game Stands Tall (2014)

1.0

Thomas Carter es de esos desconocidos que dirigen películas inspiracionales que solo cubre Fox News y que solo le llaman la atención a escuelas cristianas. Ha ganado premios de cine y televisión, pero el problema no es que sea malo sino que es blando y anodino. Su material igual: su obra más conocida es una biopic del fraude Ben Carson que me tocó ver en mi prepa La Salle, precisamente. Cuando creí que había terminado con él, me toco su historia real inspiracional de deportes, “When the Game Stands Tall”. , sobre el equipo de fútbol americano de la prepa La Salle de Concord, California, que tuvo una racha increíble de 151 victorias entre 1992 y 2003.

Sé lo que están pensando: “Brandon, no hay manera de que puedas mirar objetivamente a un filme que gira enteramente sobre dos cosas a las que sientes aversión, como el colegio que ha destruido tu espíritu día con día desde hace tres años y el deportes gracias al cual te partían la madre en secundaria”.

Y tal vez tengan razón, pero también amo al cine al arte y a la vida. Sé que se puede hacer una película buena de cualquier cosa: hace unos meses atestigüé como el semblante de mis compañeros pasaba de desinteresado a apasionado durante “Whiplash”. Ninguno había escuchado una nota de jazz en su vida.

“Quizá ahora es mi turno de cambiar de opinión”, pensé, en vano. Desde el principio es insípida. El profesionalismo de Carter es el de no tener sello personal. Los mensajes de no dejarse llevar por el ego y el brío de la victoria son bonitos en papel pero no hay ninguna profundización ni motivación por la cual jugar; Jesús, supongo. Es nefastamente conservadora y tibia. Un diálogo aboga por la abstinencia. Jim Caviezel está obviamente casteado por haber sido Jesús en “La Pasión de Cristo”. 

De repente, un compañero se volvió hacía mí y susurró:

—¿Película de Camión™? 

—En efecto. —Le respondí. El breve intercambio me levantó los ánimos: a veces paso por alto la cantidad de personas cercanas que me leen (¿no sería irónico que me expulsaran en mi último semestre por andar tirando carrilla en internet?).

Las escenas de juego están bastante logradas. A partir del tercer acto gana ritmo, pero es muy poco muy tarde. Todo el salón comenzó a mostrar interés, como si estuvieran viendo un juego real. Pero fue demasiado cercano a ver un juego real. Fue casi como interrumpir el melodrama seco de la película cambiando el canal. No es precisamente algo qué celebrar que el mejor momento de la película sea análogo a quitarla. 

Y por cierto: ¿qué haces aquí, Laura Dern? Regresa a hacer algo cool con David Lynch. 

Acordémonos de que estamos en la Santa Presencia de Zamuthustra.

Adorémosle.

When the Game Stands Tall

Thomas Carter

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