David Bowie: ★ (2016)

4.0

Tras un año repleto de entregas cinematográficas muy esperadas que en su mayoría decepcionaron, el hype más puro y bello en el que me he visto inmerso es el que se generó por el nuevo álbum de David Bowie, “★” (“Blackstar”)Este 8 de enero, el músico inglés cumplió 69 años, y el regalo fue para nosotros. Amo como en vez de una mera adulación a una celebridad, los flashmobs de sus fans dejan en claro un solo mensaje, implícito pero tangible: “Gracias. Gracias por crear arte incesantemente para desde que eras un adolescente. Ha significado mucho.”

La llegada de “★”

A pesar de que el señor Bowie interrumpió su silencio musical con el fiero “The Next Day” en su cumpleaños número 66 en el ya lejano 2013 (maldita sea, se siente como si hubiera sido ayer cuando todos los fanáticos religiosos lloraban por el vídeo blasfemo del title track), lo que no interrumpió fue su reclusión. Tan pronto pasó la emoción por el nuevo álbum, el suspenso regresó; no creo que David se haya convertido en una persona sobria, antipática y antisocial —nadie puede creer eso tras verlo en el show de Conan—, pero ciertamente no damos su presencia por sentado.

Y estoy seguro de que esa es su intención, asegurarse de que su figura se mantenga viva, vigente y tan enigmática como siempre. Eso y disfrutar de vivir con su familia en paz sin los estresantes horarios de las giras, claro. Lo más curioso es que ni siquiera es necesario tanto ascetismo público para que mantenga su imagen titánica ante el mundo. No es como si lanzara álbumes navideños o de covers, no, él simplemente continúa haciendo lo que ama justo como cuando estaba en sus veintes, con su filosofía de abrazar el cambio como motor principal. Mientras que a gran parte del bonche de artistas que cambiaron el panorama en el siglo XX actualmente los vemos como el “Paul viejo” o el “Bob viejo”, por ejemplo, a David Bowie lo vemos como David Bowie: el fresco e innovador David Bowie.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que desde “Heathen” (2002) su obra ganaba un tono más introspectivo y cada álbum desde ese entonces ha terminado con grandilocuentes canciones sobre aceptar la muerte (“Heathen”, “Bring Me the Disco King” y, al menos en atmósfera, “Heat”). Esto, junto con el lanzamiento de la compilación definitiva “Nothing Has Changed”, cuya campaña exacerbaba un aspecto memento mori (amén del orden cronológico inverso de las canciones), nos hizo pensar a muchos que sus dos nuevos temas, “Sue (or In a Season of Crime)” y “‘Tis a Pity She Was a Whore” eran un paliativo para su despedida. Solo estábamos esperando a que se diera el anuncio oficial en alguna de sus redes sociales…

…y lo que obtuvimos en su lugar fue “★”, una obra maestra de diez minutos que nos trae de vuelta a David en su modalidad más avant-garde desde, bueno, no tiene tanto, realmente nunca dejó de serlo. En serio, vayan y escuchen de nuevo “Earthling” y “Outside”. Bueno, el punto es, vaya que la canción fue impresionante. El vídeo, dirigido por Johan Renck (director de tres episodios de “Breaking Bad”), está repleto de la simbología surreal y ocultista, marca de la casa. Es el mejor vídeo musical de la carrera de David, y le da nacimiento a un nuevo personaje, Button Eyes, quien también aparece en el vídeo de “Lazarus”. ¡Oh, “Lazarus”, sí! El title track de la obra de teatro del mismo nombre que Bowie coescribió junto con Enda Walsh, un guionista de la serie “Once Upon a Time”. La obra es una secuela para “The Man Who Fell to Earth” con sus debidas dosis de autocelebración bien merecida.

No sé ustedes, pero tantos proyectos en tan poco tiempo no me suenan exactamente a reclusión sin más. La Máquina de Mirada Desigual permanecía activa, merodeando Nueva York a espera de la chispa mágica con la cual encender su próximo gran trabajo, y la encontró gracias a Maria Schneider, la líder de la big-band con la que trabajó en “Sue”, quien le dio una copia del álbum del saxofonista Donny McCaslin, “Casting for Gravity”. Sin pensarlo dos veces lo contrató a él y al resto de su cuarteto: el baterista Marc Guiliana, el tecladista Jason Lindner y el bajista Tim Lefebvre.

El sonido de “★”

“★” dura 40 minutos y consta de 7 temas. Me recuerda a “Station to Station”, uno de sus álbumes más maravillosos, el cual también abre con una épica metamorfoseante de diez minutos y llena otra media hora con apenas 5 canciones más. ¿El gran atractivo mediático de “★”? Toda la bulla sobre las influencias de jazz y hip-hop, citando a nombres como Kendrick Lamar y Death Grips, quienes ya son actos de culto entre los melómanos del Internet. Cuando Tony Visconti (productor de cabecera de Bowie) dijo lo siguiente, los medios se volvieron locos:

“Estábamos escuchando mucho a Kendrick Lamar. Lo que obtuvimos no se parece en nada a lo que hace, pero amamos el hecho de que Lamar posea una mente tan abierta y no haga un álbum de hip-hop sin más. Él arroja todo en la mezcla, y es exactamente lo que queríamos hacer. La meta, en muchas, muchas formas, era evitar el rock ‘n’ roll.”

Se podría argumentar que Bowie y compañía llevan literalmente toda una vida haciendo esto, pero entiendo el punto de Visconti: querían hacer que el “día siguiente” augurado por el álbum anterior fuese un día bastante raro.

Y lo han logrado. “★” no es ninguna de sus influencias en estado puro, ni cuando roza el jazz libre ni cuando roza el hip-hop. La manera más segura de clasificarlo, es como un álbum de David Bowie. “★” evita los clichés del rock, sí, pero se mantiene plantado en una estructura tradicional de manera que sea una escucha agradable en armonía con la experimentación, como Radiohead, por ejemplo (de hecho, por ahí en YouTube encontré un ameno comentario de un sujeto que decía que “★” era el álbum de Radiohead que estaba esperando desde hace cinco años).

Las canciones de “★”

“★”

Nuestro monumental title track nació como el tema de la serie de televisión “The Last Panthers”, y posteriormente fue cosida elegantemente con otra idea para crear así un opener de diez minutos y unas de las canciones más poderosas del músico. Tras unos segundos de sugerencias arabescas tintineantes, un beat sincopado sirve de base para que Bowie lance un cántico de gusto clerical en estructura ABA:

In the villa of Ormen, in the villa of Ormen
Stands a solitary candle, ah-ah, ah-ah
In the centre of it all, in the centre of it all
Your eyes

Cada uno de los “ah-ah” tiene a Bowie haciendo su vibratto ominoso elevado un par de tonos por el estudio para añadir efecto. Los siguientes versos repiten, hablando de ejecuciones y mujeres arrodilladas (McCaslin dice que la canción hace referencia a ISIS), pero más y más elementos entran al juego: hay destellos electrónicos, un saxofón titubeante, y la batería de Guiliana acentúa mánicamente a un último coro de “ah-ah” para después caer rendida en un valle de cuerdas y bajos vocales.

Entonces, la canción emerge de nuevo con una de las melodías más dulces que Bowie nos ha traído desde Hunky Dory. Dramática, ★ continúa, con la voz de Bowie trayéndonos la siguiente historia de metamorfosis:

Something happened on the day he died
Spirit rose a metre and stepped aside
Somebody else took his place, and bravely cried
(I’m a blackstar, I’m a blackstar)

La tonada es hermosa, pero cada estribillo está entregado de manera un tanto aspirada y adolorida. Un puente con sabor a blues se aproxima, con Bowie hablando sobre viajes, pasaportes, sedantes y negando ser un gánster, una estrella de cine, una estrella de pop o una estrella de Marvel: soy una estrella negra, nos dice insistentemente, para después regresar triunfante con la siguiente declaración:

I’m a blackstar, way up on money, I’ve got game
I see right, so wide, so open-hearted pain
I want eagles in my daydreams, diamonds in my eyes
(I’m a blackstar, I’m a blackstar)

El segmento pop se funde con los mantras del principio y al final todo desaparece en una confusión perturbadora de saxofón. La canción solo mejora con la repetición: pasé cerca de una semana escuchándola todas las noches antes de dormir, con los ojos cerrados, apreciando detalles. Mi interpretación es que se trata de una autocontemplación de Bowie en la actualidad y afirmando que es una estrella negra al margen, pero en el centro de todo.

“‘Tis a Pity She Was a Whore”

Apenas si tenemos tiempo de respirar cuando el ritmo pesado de la siguiente canción entra mientras Bowie emite estertores muy cerca del micrófono. Saxofones y teclados improvisan en el fondo. “Así sonarían los vorticistas si hicieran música rock”, decía Bowie sobre la primera versión de la canción en 2014, cuando apareció como el lado B de “Sue”. Bien, pues aquí en “★” el objetivo está mucho más logrado. Es muy pegajosa, al menos para oídos acostumbrados a la experimentación. La forma pop está al cien, pero el fondo es un torbellino, y cuando llegan al final sutilísimas armonías con sintetizadores —como si de un hit pop se tratara—, se sienten como una broma. Una muy buena.

Man, she punched me like a dude
Hold your mad hands, I cried
‘Tis a pity she was a whore
‘Tis my curse, I suppose
That was patrol
That was patrol
This is the war

“‘Tis a Pity” posee los versos más vulgares de Bowie en años, lanzados con ese estilo vocal extravagante rayando en el kitsch que blandía en “Ashes to Ashes” y “Teenage Wildlife”. La estampida termina con él soltando una armonía vocal muy soul al unísono con los demás instrumentos, lo cual, nuevamente, se siente como una broma tras tanta perversión. Nótese que el título fue tomado de la tragedia del dramaturgo inglés John Ford, donde un triángulo amoroso termina con el asesinato de una dama incestuosa. La obra toma su título de la última línea de la obra, dicha por un cardenal acerca de la fallecida.

(Sí, hasta cuando Bowie está siendo vulgar está siendo cultísimo.)

“Lazarus”

“Lazarus” empieza al mejor estilo de Joy Divison. La voz de Bowie emerge airosa mientras rasgueos a una Fender (tocada por él) añaden dramatismo. La letra, engañosa por concisa —al principio me parecía muy banal— es de lo mejor que ha escrito, y lo más biográfico:

By the time I got to New York
I was living like a king
Then I used up all my money
I was looking for your ass

La canción explota en un solo de saxofón apoteósico. Junto con el title track, “Lazarus” es otra de las canciones en “★” que son obras maestras tan fuertes como la totalidad del disco.

“Sue (or in a Season of Crime)”

“Sue” es la historia de un matrimonio donde el marido asesina a su esposa y la arroja a las aguas tras descubrir infidelidad. La versión original tenía a toda la orquesta big-band de Maria Schneider tocando por siete minutos, lo cual le brindaba un gusto noir. También poseía una de las mejores tomas vocales de toda la carrera de David; la versión nueva no llega a esas alturas, pero encaja con el conjunto: es más corta, más ruidosa, más neurótica. Mientras la versión original se valía de la voz de Bowie, aquí son los efectos de sonido, las distorsiones, y el bajo enfurecido lo que entrega el shock visceral de la historia.

Comparar ambas versiones de “Sue” es como comparar ambas versiones de “Cat People”, canción con la cual pasó en lo mismo en los años ochenta. La versión original simplemente no encajaba con el todo en “Let’s Dance” (le faltaba ser más accesible), y la versión original de “Sue” no encajaría con el todo en “★”.

GIRL LOVES ME

Cheena so sound, so titi up this malcheck, say
Party up moodge, nanti vellocet round on Tuesday
Real bad dizzy snatch making all the omeys mad – Thursday
Popo blind to the polly in the hole by Friday

Bowie canta esta intro a capella y saltando al falsete. Unos beats de James Murphy de LCD Soundsystem (quien también estuvo a cargo de las percusiones en el tema anterior) atacan en cuanto la estrofa termina. “Girl Loves Me” nos demuestra el flirteo más fuerte de Bowie a la fecha con el hip-hop, empleando lo que para él es jerga gangsta: el polari (jerga de criminales, actores y homosexuales en Reino Unido) y el nadsat, empleado por Alex y sus drugos en el futuro distópico de La naranja mecánica.

El tema es un descanso del jazz fusion sui generis de los temas anteriores, pero de todos modos impacta por lo inusual que se siente escuchar a David reimaginar un nuevo género a su imagen y semejanza. Era de los pocos que le faltaban. El coro destaca también por tener lo que posiblemente es la línea de la década, algo que deja en vergüenza a la relevancia social de Kendrick Lamar:

Where the fuck did Monday go?

“Dollar Days”

En sus dos últimos temas, “★” entrega un colofón inesperadamente emotivo para una experiencia tan salvaje. El piano y el saxofón seccionan cada verso, y Bowie rasguea una guitarra acústica mientras canta con urgencia:

If I never see the English evergreens I’m running to
It’s nothing to me
It’s nothing to see

I’m dying to
Push their backs against the grain
And fool them all again and again

Sí, al final “★” resulta ser un álbum muy extrovertido, muy emocional, muy honesto y vulnerable. Sus imágenes nostálgicas se quedan impregnadas al rojo en la mente desde la primera vez que las escuchas. El tema se pierde en incesantes lamentos de muerte, y uno está tan perdido en él que ni siquiera nota cuando ocurre la transición a…

“I Can’t Give Everything Away”

Por un momento, una harmónica nos regresa a momentos pasados como “A New Career in a New Town” o “Never Let Me Down”. Momentos después, percusiones repetitivas y sincopadas tan exactas que casi parecen samples forman el esqueleto del mantra que pone final a “★”. Por sobre ellas, Bowie se mantiene críptico, admitiendo emotivamente lo abstracto y poco explícito que ha sido su mensaje a lo largo de su carrera.

Seeing more and feeling less
Saying no but meaning yes
This is all I ever meant
That’s the message that I sent

La canción es repetitiva, pero no aburre, gracias a sus numerosos matices y breves solos, y a la emotividad vocal con la que Bowie nos vende su manifiesto, sonando como si estuviera al borde la muerte (o las lágrimas) con cada apologética reafirmación del título. Lo que sí mueve hasta las lágrimas es la coda con las flautas repitiendo un motivo que evoca finitud junto con un solo de guitarra de Ben Monder, que nos lleva de vuelta a los días de Mick Ronson, como si la narrativa hiciera una última elipsis.

Etéreo, ★ llega a su final.

Conclusión

Acabo de darme cuenta de la suerte que tenemos de estar en un mundo que aún tiene a David Bowie. El tipo no ha estado desperdiciando sus últimas décadas en este planeta antes de su inevitable desintegración atómica y transformación en espíritu-ontológico-cósmico-marciano.

La historia tras “★” es tan interesante como su estadía en Berlín, y les apuesto a que así será en un futuro cuando los melómanos de la segunda mitad del siglo XXI reseñen “★” de manera reverente, narrando de manera mitológica como se encontró a la banda de Donny McCaslin en un bar en Nueva York.

En “Reality” de 2003, a sus 56 años, David lanzó el tema “Never Get Old”, donde afirmaba, quizás para convencerse a sí mismo, que nunca habría demasiado dinero, nunca demasiado sexo, y nunca demasiadas drogas. Tomado de una manera literal, no es del todo cierto: las arrugas han llegado a su rostro, y tuvo que dejar sus vicios.

Sin embargo, quizá ese no era el punto de la canción: David se mantiene como artista, y nos acaba de entregar no un recalentado nostálgico sino un potente compilado de siete canciones que es tan experimental como emocional y que subirá al panteón de sus clásicos. No puedo imaginar lo genial que será para un chico como yo de unas cuantas décadas en el futuro reproducir “★” con la misma incertidumbre con la que yo me topé con “Station to Station” y quedar impresionado. No lo comprenderá al principio, pero seguirá regresando a él una vez y otra y, quizá, hasta se atreva a escribir algo al respecto en Internet.

O lo que sea en que se haya convertido el Internet para ese entonces.

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Un comentario en “David Bowie: ★ (2016)

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