Ice Age: Continental Drift (2012)

1.5

“La era de hielo” de 2002 es de las primeras películas que tengo recuerdo de haber visto. Le agarré mucho afecto y la repetí bastante: me gustaba sobre todo poor la estética, ese trazo anguloso de los entornos lucía tan… cool en CGI. Y siempre fui medio sinestésico, así que por alguna razón me hacía sentir fresco en el caluroso Acapulco (a la fecha, “Send Me On My Way” es una canción “fría” para mí).

¿Por qué estoy hablando de la primera película si esta es una crítica de la cuarta?

¿Por qué estoy reseñando primero la cuarta y no la primera?

¿Por qué siempre hablo de mi infancia o de mi triste triste triste vida en mis críticas?

Porque si a estas películas les vale madres la cronología geológica, a mí también me vale madres el orden en el que escribo sobre ellas.

(Y porque es mi sitio, así que te callas.)

“Combatimos dinosaurios, ¡en la era de hielo! No tenía sentido, pero fue emocionante.”

—Sid el perezoso en “Ice Age: Continental Drift”

Cuando escuché ese diálogo me di cuenta de que esta franquicia ha llegado más lejos que saltar el tiburón: ahora este deforme ente había ganado consciencia de su salto de tiburón (los dinosaurios) y había alcanzado la singularidad. Las películas de “La era de hielo” son el Skynet del cine, como auguró Mark Kermode al llamarlas “la muerte del cine narrativo“.

Las películas de Bob Esponja y las “Lluvia de hamburguesas” son igualmente tontas y me gustan mucho. Pero tienen la decencia de tratar de algo. La cuarta “Ice Age” tiene toda la sustancia por requisito: ¿mensaje? Pues hay varios personajes raros y diferentes, pongamos algo sobre la familia. ¿Desarollo de personajes? Pues ya que es una familia, pongamos mucho dramita adolescente para que los papás en la audiencia digan “ahí estás tú, mijita”. No tienen idea de lo mucho que odio todo esto.

Se acaba de estrenar la QUINTA PELÍCULA y en ella EL PUTO SCRAT VA AL ESPACIO, así que me dieron ganas de ir a verla por morbo… y mi obsesión por el completismo me hizo ver esta cosa antes, que había decidido saltarme por el bien de mi salud mental en 2012. Lo más triste es que esta, la cuarta, es la más cercana a la primera. Solo que mucho más floja. A estas alturas niños y grandes van a ver estas películas solo por la familiaridad de los personajes.

No se siente que pase nada: se siente como un cortometraje extendido donde los tres actos caen igual de planos. Empieza con Scrat causando la divisón de Pangea (?), luego vemos grietas quebrando el suelo por millonésima vez en la serie, los personajes se separan, hay unos piratas liderados por un Gigantopithec- ah, un mono gigante con la deliciosa voz de Peter Dinklage, hay una tigre dientes de sable femme fatale con la voz de Jennifer Lopez que se enamora de Diego, hay un mamut adolescente que es el crush de la hija de Manny y tiene la voz de Drake, y su amiga sassy tiene la voz de Nicki Minaj y, y, y luego Scrat encuentra la Atlántida de las bellotas y conoce a una versión erudita de él con la voz de Patrick Stewart y…

¿Ya mencioné que termina con un cover de “We Are Family” mientras los personajes bailan por sobre los créditos?

¿Por qué bailan, en serio? Manny, tú y tu familia viven asediados por la catástrofe y la constante amenaza de implausibles apocalipsis para nuestra diversión. Es obvio que la única explicación para la estupidez de los que te rodean es estrés post-traumático. Si yo fuera tú, les tendría piedad y los empalaría en mis colmillos de mamut para luego suicidarme en algún géiser.

Ice Age: Continental Drift

Steve Martino

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