Ice Age: Collision Course (2016)

1.0

El caso de “La era de hielo” es rarísimo. Empezó como una sencilla película que quería lograr algo similar a Pixar, y sus secuelas se conviertieron en el equivalente fílmico a agitar llaves frente a un bebé. Han llegado a punto en el que ya no les importa nada porque la gente le es fiel a estos personajes. En Blue Sky harían un mejor trabajo si decidieran dejar de fingir hacer tramas y solo hacer películas surrealistas.

“Ice Age: Colision Course” funciona mejor cuando es así de inexplicablemente rara. Parece el resultado de guionistas en cocaína bajo una deadline y no me sorprendería si así fuera. Scrat —quien ya ni siquiera parece intentar comerse o enterrar la bellota— va al espacio y quedando atrapado en una nave extraterrestre que por alguna razón está vacía pero se mantiene completamente funcional. Con ella provoca una lluvia de meteoritos en la Tierra, la cual los animales confunden inicialmente como fuegos artificiales, de lo cual Manny se aprovecha para fingir que es su regalo de aniversario para Ellie.

Ah, porque sí: el drama familiar ha llegado a un nivel irrisorio aquí. Los personajes masculinos ya beben en barras mientras sueltan el lamento exasperado de “ah, mujeres”; la hija de Manny se va a casar con otro mamut y no quieren tener ceremonia, sino irse de viaje para eventualmente vivir solos (¡qué modernous!); Diego y Shira toda la película se la pasan hablando sobre su deseo de tener bebés; Sid se la vive llorando por no tener pareja mientras arruina todas sus posibles relaciones con su inmadurez y poca higiene.

Todo esto me hubiera hecho sufrir demasiado en la sala de cine si no fuera por el hecho de que la película está tan notablemente desesperada por atención que se vuelve una experiencia… interesante. Es mala, sí, es de las peores películas animadas que he visto en mi vida y “objetivamente” es muchísimo peor que la cuarta… pero hay que algo la vuelve más visible que todas salvo la primera: no es insípida. Es tan exagerada y se nota tanto la urgencia por crear algo atractivo para todas las audiencias que el producto final es para verse pacheco y reírse de lo lindo. 

El frenetismo es alarmante. Todos los personajes parecen tener algún tipo de problema mental serio: no pueden dar dos pasos sin contorsionarse como si estuviesen hechos de goma y no pueden soltar dos líneas sin hacer un chiste sin gracia sacado de la nada (o las dos cosas a la vez). Incluso Manny —quien siempre ha sido el “serio” del grupo— es convertido en una especie de Homero Simpson del Pleistoceno… bueno, ya ni siquiera vale la pena hacer alguna referencia geológica al hablar de estas películas.

¿Recuerdan a Buck? ¿Ese personaje con la voz de Simon Pegg que era lo mejorcito de la tercera película? Bueno, su encanto era estar loco: si esta película exageró a todos, ¿se imaginan lo insoportable que es aquí? Es introducido por una toma continua de dos minutos de duración, una verdadera proeza de la animación por computadora que no podemos disfrutar porque el personaje es tan nefasto. En otra escena, la pandilla esquiva una red de rayos letales que conectan gracias a rocas magnéticas, como en una película de espías, pero tenemos que estar soportando a Crash y Eddie. Más tarde, los personajes entran a un meteorito y se encuentran con un mundo hecho de cristales turquesa, magenta y plata que forman ramos, flotan y crean bellos patrones geométricos en el aire… es una de las visiones animadas más bellas que he visto en pantalla. Lástima que es justo cuando entra en escena el personaje más nefasto de toda la franquicia, Shangri Llama, una llama que hace yoga.

¿Por qé te frustras por algo tan estúpido?, se preguntarán. No es que me arrepienta: uno mira esta película con un gestito de superioridad en el restro mientras los demás se ríen. Al menos si se está de buen humor. No puedo imaginarme la reacción de una persona seria, o de los pobres papás que tendrán que soportarla una y otra vez gracias a sus hijos. O de un adulto mayor que quiera ir a pasarse un buen rato: la película hace muchas bromas sobre la vejez y hay varias escenas de violencia hacia adultos mayores. “Jaja, miren, gente arrugada”. Tenía a un señor de unos setenta años al lado de mí y notar su semblante ofendido durante estas escenas fue de lo más incómodo que me ha pasado en una sala de cine.

Y miren que me han pasado muchas cosas incómodas en el cine. Regresen a este sitio en dos o tres años para la inevitable y frustrada reseña de la inevitable sexta entregada, al parecer ya confirmada por Galen T. Chu, el codirector de esta película y animador desde la primera entrega. ¿Ya luce muy lejana, verdad? Maldición, parecen lejanos hasta los días donde Scrat era lo mejor de las secuelas. En esta película y en su antecesora, Scrat es lo más aburrido: sus secuencias son puro sadismo con comedia insulsa. Es el destino inevitable del bufón: ahora van ustedes, minions. 

Ice Age: Collision Course

Mike Thurmeier, Galen T. Chu

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