The Simpsons: Temporada 1 (1989)

3.5

El 19 de abril de 1987, el mundo conoció a la familia Simpson —Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie— en un programa de variedades estadounidense llamado “The Tracey Ullman Show”. O mejor dicho, sólo el 14 % de las familias americanas que veían el programa.

Dos años después, Matt Groening tuvo la oportunidad de convertir sus sketches en una serie animada para la Fox con la ayuda de la casa de animación Klasky Csupo. Tres showrunners, James L. Brooks, Sam Simon y el mismo Groening, se dieron a la tarea de crear una sitcom diferente. No sólo lo lograron, sino que se excedieron: crearon un fenómeno cultural que es para la televisión lo que para el cine fue “Star Wars”. 

Nadie parecía imaginárselo en esos primeros años. El que iba a ser el episodio piloto, “Some Enchanted Evening”, tuvo tantos problemas de animación que terminó siendo el final de la primera temporada. El programa estuvo en peligro de morir si lo mismo pasaba con el segundo episodio en entrar en producción, “Bart the Genius”. Por suerte no fue así, y el 17 de diciembre de 1989 finalmente el mundo conoció a los Simpson, en “Simpsons Roasting in an Open Fire”, un episodio navideño que resultó ser una mejor introducción para los personajes que el piloto original, pues conocimos varios de los rasgos que causan su disfuncionalidad como familia (como la torpeza de Homero al perder un pago importante o la rebeldía de Bart al hacerse un tatuaje).

El mítico episodio estuvo dirigido por David Silverman (“Monsters, Inc.”) y recibió buenas críticas, al igual que el resto de la temporada. Es la que más palidece en cuanto a animación, ritmo, humor y conceptos al ser comparada con el resto de las temporadas “clásicas” (1-10 o 1-15 según la mayoría de los fanáticos), pero es bastante efectiva, ya que en cada episodio conocemos de lleno a cada personaje. Bart demuestra su desinterés estudiantil a la vez que su astucia y aceptación por su persona en “Bart the Genius”; también conocemos la naturaleza bondadosa por debajo del niño malo en “The Telltale’s Head”. Homero se muestra como alguien noble y hasta valiente a pesar de su torpeza en “Homer’s Odyssey” y en “Homer’s Night Out”, donde entrega un inspirado discurso feminista en un cabaret y conscientiza a todos los clientes. También vemos el espejo intelectual de “Bart the Genius” en “Moaning Lisa”, donde Lisa pasa por una depresión y encuentra su refugio en el jazz para finalmente aceptarse a sí misma, así como a las penas que implica el ser una persona socialmente consciente. 

Hay episodios que exploran la dinámica de la familia como un todo, como “The Call of the Simpsons” (día de campo, todo sale mal) y “There’s No Disgrace Like Home”, un episodio particularmente fuerte en contenido donde los Simpsons terminan recurriendo a una terapia de electrochoques (compite con el intento de suicidio de Homer en “Homer’s Odyssey”). También bastante tempranas son las exploraciones del matrimonio de Marge y Homer, una crítica al triste resultado de la pareja occidental Generación X con el couch potato y la ama de casa sumisa. En episodios como “Life on the Fast Lane” y “Some Enchanted Evening”, Marge se da cuenta de esto, y actúa a raíz de los grandísimos defectos de Homer. El primero de estos dos es un pequeño clásico —con una notable actuación vocal de Albert Brooks— que ganó un Emmy en 1990, y es el segundo episodio favorito de Groening, sólo detrás de “Bart the Daredevil” de la segunda temporada.

Yo solía ver episodios en desorden por televisión abierta cuando era niño, y me resultó bastante curiosa la experiencia de verlos en orden y enterarme a qué temporada pertenecían. Ahora me resultan bastantes lógicas algunas inconsistencias: el color de piel y pelo cambiante de Smithers se debe a errores de los animadores, Sideshow Bob quiere matar a Bart en temporadas posteriores gracias a los eventos de “Krusty Gets Busted”, etcétera. Además, resulta interesante ver cómo personajes fuertemente estereotípicos —y creados con esa intención— como el bully que es Nelson, o el policía gordo e incompetente que es Chief Wiggum, eventualmente evolucionaron a ser personajes icónicos, reconocibles, y en ocasiones hasta desarrollados. Otro ejemplo es Flanders, que empezó como un vecino con mejor posición económica y luego fue, bueno, flanderizado.

Todo está hecho con tanta inocencia y entusiasmo que en vez de aburrida, resulta refrescante para alguien contaminado con las temporadas emitidas ya bien entrados los 2000. No hay duda alguna: estos eran los Simpson que amamos, aún con su animación irregular, aún con su humor relativamente mesurado. A fin de cuentas, si la serie no hubiese tenido nada especial desde el principio, hubiera sido cancelada y actualmente sería una curiosidad. Pero todos sabemos que eso no pasó, y nuestros televisores y los monitores en los que evolucionen nunca dejarán de ser un mejor lugar gracias a ello.

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