Amores perros (2000)

3.5

“Amores perros” no es una película realmente feliz, pero entre todo el drama que emerge de sus choques, el mexicano puede sentir una cálida familiaridad y sonreír con empatía hacia las desventuras de la clase obrera aquí representada. Las tres historias que se entrelazan van desde los más pobres hasta los ricos que vemos en la tele y con los cuales nos distraemos; pero es evidente que los que tienen más instintos de supervivencia son los más barrio. Esta es una película auténticamente chilanga, y si eres de los que no dan el título fácilmente, considera que Iñárritu y su equipo fueron asaltados por una pandilla que terminó protegiéndolos y haciendo de extras.

Alejandro González Iñárritu es un director que causa emoción cada que anuncia un nuevo proyecto y su debut no fue la excepción. Es un cineasta ambicioso cuya primera elección fue una película coral, aunque esa obsesión narrativa proviene más del guionista con el que haría sus primeras colaboraciones, Guillermo Arriaga. Incluso muchas veces entre cinéfilos se recomiendan “Amores perros” vendiéndola como “la ‘Pulp Fiction’ mexicana”, un paralelo que no es realmente exacto pero del cual Iñárritu parece estar consciente, abriendo con una secuencia similar e incluso con una escena de “hombre atado con canción de rock de fondo” (“Long Cool Woman” de The Hollies).

Pero lo que más quedó en la memoria colectiva fueron las escenas con “Sí Señor” de Control Machete y “Lucha de gigantes” de Nacha Pop. La primera de las tres historias es la más identificable para la mayoría, la de Octavio (Gael García) y Susana (Vanessa Bauche). Octavio está perdidamente enamorado de ella, pero ella está casada con su hermano, el violento asaltante Ramiro (Marco Perez). Octavio eventualmente se cansa de verla maltratada, así que decide comenzar a pelear a su perro Cofi en circuitos ilegales, donde su jefe es Mauricio, un Gerardo Campbell que se roba las escenas donde está (Iñárritu afirmó disfrutar el tono gay que le ponía a un personaje tan macho). Planea escaparse con Susana con el dinero que gana, pero como es de esperarse, el destino tiene otros planes.

Lo mismo ocurre con la protagonista de la segunda historia, la modelo Valeria (Goya Toledo), quien empieza con todo lo que pudiera querer en el mundo para finalmente perder aquello que se lo dio. Esto no se entrega de una manera moralista sino como un cambio forzado por un giro de tuerca, el choque automovilístico que abre la primera historia, también atestiguado por Chivo (Emilio Echevarría), un asesino a sueldo que abandonó a su familia cuando era joven para participar en movimientos de insurrección política.

Hay poco que conecte a estas historias más que la más común casualidad, pero parte de la revelación social, por más básica que sea, es verlas desenvolverse en tan diferentes microcosmos en el mismo espacio. El elemento más en común son los perros, lo cual tiene lógica por la estrecha relación que se guarda con esos animales en cada uno de esos círculos. Irónicamente, quien tiene más suerte al final de todo esto es Cofi, quien al principio se encuentra en peligro de muerte. Ese animal que hemos vuelto símbolo de lealtad termina navegando, presa o liberado, entre dramas humanos ocasionados por pérdida de lealtad (Daniel y Valeria) o lealtad irracional (Octavio y Susana), y a ese símbolo pertenece el único final feliz. Como dijo Iñárritu: “traté mejor a los perros que a los propios actores“. La vida imita al arte.

“Amores perros” no solo abre la filmografía de Iñárritu sino también una larga tradición de críticas hacia él en las que, irónicamente, exhibimos uno de los peores clichés de la mexicaneidad: el ver con desdén la ambición del otro mexicano, como si por ello se creyera superior. Incluso uno de nuestros iconos de la crítica de cine, Jorge Ayala Blanco, la llamó “apantallapendejos” en una de sus rebuscadas diatribas (y una especialmente generosa). Ya se trata de cada quién, pero si de cosas apantallapendejos hablamos, las de Iñárritu desde un principio han estado chingonas. Y, ¿como no querer una película cuya música te hace sentir en casa?

Amores perros

Alejandro González Iñárritu

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