The Kid (1921)

4.0

En la crítica original de The Atlanta Constitution durante el estreno de “The Kid” se elogió al debut como director de Chaplin como algo que “…tiene una trama real, y el humor está causado por situaciones reales en una historia real“.

Esta énfasis en la “realidad” de los acontecimientos viene porque durante todo el primer acto no vemos un solo gag. Hoy en día reconocemos el genio en la comedia física de Keaton y Lloyd, pero en aquel entonces Chaplin quería trascender el mero vincular viñetas de sus contemporáneos y todo su gravitas llegó como un balde de agua fría. La esencia de una comedia dramática vive en la leyenda que abre el filme: “una película con una sonrisa; y quizás una lágrima”.

El establecimiento de la trama no puede ser menos leve. Una mujer (Edna Purviance) cuyo “único pecado fue la maternidad” sale de un hospital de caridad con su bebé en brazos mientras las enfermeras cuchichean en desaprobación a sus espaldas. Vemos tomas de su padre, un pintor, incendiar el retrato de la mujer en la hoguera. Aún en el en silencio, quedan explícitas la frialdad institucional y masculina y la situación a la que fuerzan a la madre. Esta decide abandonar a su bebé en la limusina de un millonario con una nota pidiendo su cuidado. El coche es robado y la cría termina en brazos de “The Tramp” (Chaplin), el vagabundo, conocido como Charlot en el mundo hispano.

Para cualquiera que haya visto desde “The Sound of Music” hasta “E.T.” u otras miles de historias que giran alrededor de personajes desarrollando apegos con algún agente externo a sus vidas, el molde será familiar. No por ello menos efectivo, porque habla hacia una cualidad muy humana del cuidado al prójimo y forjar apegos. La memorable escena de la separación entre Charlot y el chico es prácticamente un test de litmus para determinar si alguien es un psicópata sin sentimientos. La banda sonora que Chaplin compuso en 1971, con sus fornidos vientos melosos y un contrapunto que apunta directo al corazón, vuelve aún más difícil no sucumbir ante la secuencia.

Chaplin sabía dirigir actores tan bien que le saca a Jackie Coogan una de las mejores actuaciones infantiles de la historia gracias a un ambiente de confianza y paciencia en el set. Con él comparte esos momentos pequeños de luz en medio de la oscuridad, como intentar dormir a escondidas en un albergue.

“The Kid” es la película “bonita” quintaesencial: esas que despiertan audibles awws y comentarios entre sollozos de adultos al abandonar la sala. Estas experiencias pegan porque se sienten completas —hay incluso una escena de fantasía— y Chaplin lo entendía: no hay realmente necesidad de hacer un recuento de las escenas puramente graciosas porque las palabras no les hacen justicia. Y aún así, “puramente” suena a simplificación. Es difícil no reír ante el dispositivo que Charlot construye para mecer al bebé con todos los cachivaches que tiene, pero no es una risa de desdén, sino una empática: aún en la pobreza, el amor encuentra una manera.

The Kid

Charlie Chaplin

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3 comentarios en “The Kid (1921)

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