Triumph of the Will (1935)

4.0

Las opiniones sobre clásicos tienden a unificarse. Cada vez hay menos qué agregar a la conversación y cada crítica parece paráfrasis de la anterior. Al alzar repetidamente a una película como la pionera de una u otra técnica, se invisibiliza a sus contemporáneas. El mito de la obra maestra siempre será más narrativamente satisfactorio que investigar las aportaciones de otras que carecen de reputación glamurosa, o el mero aceptar que en la historia rara vez se dan las invenciones aisladas.

“El triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl, un semidocumental propagandístico del Congreso de Núremberg de 1934, es uno de esos peces gordos, y uno particularmente peligroso cuya desmitificación es responsabilidad de todo crítico que decida abordarla. Su reputación no es producto de un análisis concienzudo que revele una profundidad que debemos aceptar a pesar de su alineación política sino de la mera reiteración de que se trata de una obra innovadora. La verdad es que no fue ni la primera propaganda en celuloide (“Tearing Down the Spanish Flag” de los estudios Vitagraph, 1898) ni la primera en emplear tomas aéreas, planos contrapicados o grúas. Ni siquiera es el primer documental nazi de Riefenstahl (“La victoria de la fe” de 1933).

La escala masiva del rally, lograda por los cortes entre planos generales extremos y acercamientos a rostros soleados llenos de temple, hubiera sido imposible sin el financiamiento obsceno otorgado a la producción. Riefenstahl, quien durante su vida defendió a la película como una pieza de cinéma vérité sin alteraciones, era o cínica o muy ingenua. Afirmaba que era un retrato de una realidad inmutable de aquel entonces, sin una palabra de propaganda.

En lenguaje verbal, es cierto. En lenguaje cinematográfico, no.

El éxito de “El triunfo de la voluntad” es testimonio de lo arraigado que tenemos el surrealismo implícito del cine, esa semblanza de continuidad entre pedazos de realidad que cortan abruptamente al otro. El ojo humano no funciona así y sin embargo, lo acepta en pantalla. Para cualquiera con la mínima idea de como se hace el cine, es risible que se haga pasar a esto como un documental “fly on the wall” cuando resulta imposible que los obreros, alineados a decenas de metros de distancia, se escuchen cuando se hablan. Pero hemos visto tanto este escenario, tanto en clips como en recreaciones ficticias (a color, debe lucir muy parecido a la Primera Orden de Star Wars: The Force Awakens) que asumimos inconscientemente que esa era la realidad nazi.

Aún cuando la mayoría de las personas no han visto la película, son sus imágenes magnas las que han propagado la idea de los nazis como un régimen impasible, así como los discursos rábidos de Hitler de algún modo han convencido a muchos de que era un gran orador. Si vas a la caja de comentarios de la película en internet, verás muchos comentarios por el estilo. La realidad era otra aún en sus tiempos: el Wehrmacht, el ejército oficial de Alemania, protestó por su baja representación en la película, que los hizo ver como un vestigio de una era decadente que pronto caería gracias a la SA y la SS.

La única narración está en los títulos iniciales: “…16 años después del principio del sufrimiento alemán, 19 meses después del inicio del renacer alemán, Adolf Hitler voló de nuevo a Núremberg para repasar las columnas de sus fieles seguidores”. El sufrimiento se refiere al Tratado de Versalles. Crear nostalgia por un pasado glorioso que jamás existió vive hasta el “Make America Great Again” de la campaña de Donald Trump.

Tanto en sus discursos como en las imágenes, “El triunfo de la voluntad” trabaja con símiles: así como Hitler toma la idea humanista de la unidad para igualarla con una de exclusión (todos somos uno, excepto ellos), las tomas igualan los motivos religiosos a los símbolos nazis, sugiriendo que se trata de una tradición milenaria emergiendo gloriosa a revivir Alemania cuando en realidad se trata de una ideología que la historia misma ha juzgado como perdedora.

Es, en esencia, un truco cinematográfico, la ilusión perfecta de Bazin al servicio del mal. Pero llamar a ver “El triunfo de la voluntad” en estos días no debe ser promovido como el redescubrimiento de una obra maestra desdeñada por asuntos de corrección política, pues sería caer en su propio truco propagandístico a décadas de su estreno. No puede ni debe ser borrada, pero su valor es el de una advertencia, una visión didáctica que exige a un espectador consciente.

Triumph des Willens

Leni Riefenstahl

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3 comentarios en “Triumph of the Will (1935)

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