Un Chien Andalou (1929)

4.0

Desde sus primeros días, el cine, un artificio, ha ido de la mano con la irrealidad. Pero hay una diferencia entre las fantasías de Melies (gente cayendo al espacio mediante precipicios en “A Trip to the Moon“) y el surrealismo voluntario de Buñuel y Dalí en su cortometraje “Un perro andaluz”, un dreamscape móvil de 20 minutos en el que hasta el título es un sinsentido. El filme está inspirado por los sueños de ambos artistas; al contrario de la filosofía de Jean Epstein —mentor de Buñuel en sus días en Francia— , donde toda decisión estética debe tener una razón, los surrealistas se reirían por años de los críticos y analistas intentando interpretar la película.

“Un perro andaluz”, según Buñuel, era puro automatismo psíquico, libre asociación visual. Esto hace que escribir una crítica de la película resulte antitético: ¿como escribes sobre la trama algo más que descripciones que no se comparan a la experiencia en sí? ¿No es mejor dejar que el espectador se bañe en el onirismo y saque sus propias conclusiones? Y ya en esas, ¿acaso no es eso aplicable para el resto del cine, si es que, como dije al principio, tan de la mano va con la irrealidad? ¿Cual es siquiera el propósito de escribir algo al respecto?

Y con esta serie de preguntas el sentido comienza a colapsar. Y es por ello que “Un perro andaluz” vale la pena; si el punto del movimiento surrealista era cuestionar todos los sistemas, el arte y su apreciación no están exentos. Este cortometraje financiado por la madre de Buñuel y editado en una cocina gracias a limitaciones presupuestales inspiró libertad en el medio y sus interpretaciones; el silencio de Buñuel respecto al significado de su creación es análogo al de David Lynch, famoso por negar hilarantemente cualquier explicación de su trabajo. Parafraseando: “la gente quiere que hables de tus películas tan pronto las terminas, pero la película es el diálogo”.

Entonces, ¿qué dice “Un perro andaluz”? Bueno, para empezar, comienza con una violación. No en el sentido coital; me refiero a la famosa toma del ojo cortado. ¿Qué tan libre es realmente la libre asociación? ¿Sobrevive un cadáver exquisito al principio de razón suficiente? No del todo. Cuando uno sueña, está consciente de que la narrativa no es lineal o premeditada ya que el cerebro hace un repaso de una plétora de experiencias y recuerdos. No es más que un glitch, pero esas imágenes tienen que venir de algún lado, y a veces uno alcanza a detectar de donde. En mi caso, las polillas son recurrentes en escenarios de ansiedad sexual, inspirando incomodidad y asco. En “Un perro andaluz” aparece una polilla al final, como el anima asquerosa que deja la muerte del hombre (Pierre Batcheff), quien desde el principio estuvo acosando a la mujer (Simone Mareuil). No es difícil asignarle un significado probable a los insectos, ya que evolutiva y culturalmente les tenemos repulsión; aunado a la conocida concepción corrupta que tenía Dalí de la sexualidad, podemos asumir que las connotaciones de los bichos en “Un perro andaluz” tampoco son demasiado limpias.

Toda la película, a mi parecer, es la historia de una mujer sufriendo una relación con un hombre y sus varias facetas: la violadora que conocemos al principio, la sensible, que es representada como andrógina y travesti, y la amable y virtuosa del final. Los últimos dos están condenados a morir, porque son la misma persona. ¿Qué tan libre es la libre asociación? Aquí hay match cuts totalmente deliberados. Desde la nube cortando la luna como la navaja al ojo, hasta el pelo en la axila de la mujer convirtiéndose en un matorral; luego, pasa a ser la boca del hombre y la piel de la mujer queda desnuda. En todo momento, el hombre se apropia de y pervierte la carnalidad de la mujer, en un punto incluso arrebatándosela, convirtiéndola en un maniquí.

Esto es, al menos, lo que logro ver más temáticamente conectado. No poseemos la supercomputadora capaz de descifrar psiques humanas y cuantificar las decisiones que los llevaron a poner tal o cual cosa en pantalla. Y estamos mejor así, realmente. El filme posee un aire místico que lo hace cool a pesar de verse notoriamente avejentado; si acaso, le añade cierta estética añeja. Vive en el rock ‘n’ roll, como inspiración de letras de Pixies (“Debaser”), como el nombre de incontables álbumes, y fue el opener de cada show en el tour Isolar de David Bowie. Esta es una validación más digna que la del grupo de Breton.

Un Chien Andalou

Luis Buñuel

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