The Gold Rush (1925)

4.0

El encanto de Chaplin reside en deshacer lo riesgoso y amargo contra lo absurdo y feliz. Después de que su narración nos habla de las vidas que cobraba el arriesgadísimo Chilkoot Pass en Alaska durante la fiebre del oro de 1986, vemos al juguetón Charlot desafiar al mismísimo dios bamboleándose entre los riscos sin siquiera un atuendo para el frío, como si estuviera en las calles. El contraste entre lo descrito y lo mostrado es tan fuerte que el mero corte provoca la primera gran carcajada.

De entre sus películas, Chaplin tenía un cariño especial para “The Gold Rush”. Quería que lo recordaran por ella. “Y en efecto, así fue”, como dice él mismo cuando suelta algún desenlace feliz en su narración. A pesar de lo innovadora que fue “The Kid“, de la valentía política de “The Great Dictator” y de la elegancia de “City Lights”, es la más caricaturesca la más recordada, por las escenas del baile de los panecillos y la cabaña al borde del acantilado. En clips y gifs son simpáticas, en la película son cápsulas de alegría en una trama que matiza conforme gana elementos.

En un principio, es puro slapstick. Charlot se pierde en la ventisca y termina en la casa de un criminal peligroso, Black Larsen (Tom Murray), del cual es salvado por un hombretón llamado Jim (Mack Swain). Una regla a partir de entonces es que cualquier cosa que pueda pasar y exagerar aún más la situación, pasará, y siempre el mezquino será el objeto de la burla. La ventisca entra y expulsa a Larsen, luego, cuando Jim y Charlot mueren de hambre (intentando incluso comerse un zapato), aparece un oso. Es gracioso porque el oso había sido presentado al principio; su reintroducción en el momento justo es tan absurda que es brillante.

Charlot más tarde llega al pueblo y se desarolla un romance con Georgia (Georgia Hale), una bailarina en un dance hall rodeada de hombres machos y agresivos. El pathos que transmite el personaje de Chaplin no es solo ser un pez fuera del agua en tal o cual situación: para alguien con tan pocos recursos, no hay agua. Es su la que le abre el camino hacia el corazón de la chica. Esto ya es trillado, pero en su momento, la película fue adorada como la mejor comedia jamás hecha. El sigilo con el que Chaplin comienza algo simple y divertido y luego lo transforma en algo que te hace un nudo en la garganta no es a pesar de las risas sino debido a; todo es arte, y la secuencia final de la cabaña está al nivel del clímax de “Safety Last!“.

“The Gold Rush” le da un final tan feliz a Charlot que uno, en vez de descartarlo como barato, siente que es la merecida resolución de una cadencia que siguió gustosamente durante una hora. Ya no será la más grande comedia jamás creada pero sí es la película ideal y más concisa de un genio del género.

The Gold Rush

Charlie Chaplin

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s